La conservación y restauración de un objeto patrimonial debe ser,

en primer lugar, un acto de amor.

Amor por la belleza tangible e intangible del objeto

Amor por los bienes culturales que nos han sido confiados

Amor por las personas, que crecen espiritualmente cuando cuentan con un entorno arquitectónico, monumental y cultural que

da cuenta de su pasado, su presente y proyecta su futuro

En Dómine, hacemos las cosas con amor